Conversaba con una amiga católica quien me indicaba que la imagen de la virgen debe de entenderse como un recordatorio de la devoción a Dios.
En la práctica se observa a muchas personas, sobretodo mujeres, muy apegadas al concepto de que la virgen es la que resuelve los problemas y los desafíos de la vida, ya que sólo ella puede llegar a un Jesús molesto, e interceder amorosamente por ellas.
Sin embargo, estos conceptos populares en nada se parecen a la labor que realizó la madre de Jesús, quien desarrolló un ministerio entre las mujeres que seguían al Maestro, pero en ningún momento aparece con un cargo de intercesora ante Jesús.
Además la característica de Jesús es que todos podían acceder a él, incluso los niños.
Hoy en día, tenemos la libertad de acercarnos ante Dios, creyendo que Jesús limpia a todo aquel que confiesa su pecado. No necesitamos rezar a María, tampoco comprar su imagen. No es necesario golpearse el pecho invocando sus favores, y menos aún tenerla como coredentora.
El Jesús de la Biblia nos permite acercarnos con confianza a la misma presencia de Dios, a través de la sencilla oración. ¿Lo has hecho hoy?

