Brian McLaren nos muestra como se ha hecho de la adoración una industria y cómo se convierte esta en un producto religioso más para una sociedad consumista de sensaciones.
La adoración se ha convertido en un producto que permite atraer a la gente a las congregaciones religiosas y ha dejado de ser lo sencillo... la realidad de acercarse confiadamente al Señor y abrir el corazón en franca relación de ingenuidad e intimidad de forma personal y en comunidad.
He visto la gran cantidad de expectáculos religiosos que tratan de conseguir a los cantantes más famosos de Latinoamérica para que su templo y nombre sean conocidos. Las iglesias tradicionales hacen sus eventos con dos o tres bandas internacionales para asegurar la asistencia de los jóvenes.
Asimismo, las iglesias invierten mucho dinero en copiar la música de los grupos más famosos. Esto hace que muchos cristianos que van a una iglesia a participar del tiempo de canto y disfrutar del arte y la música, pero que no se identifican con el líder religioso ni con su visión.
Como le dijo un amigo a su pastor: ¿Cuando adoramos como iglesia lo hacemos para relacionarnos con el Señor o para que la gente venga?


