En la Profecía sobre Judá, Amós pone al mismo nivel los actos de lesa humanidad, contra la esclavitud, la violencia doméstica, el valor de las promesas y nuestra actitud frente a la autoridad con respecto a la obediencia a la ley de Dios.
Para Dios, el no obedecer su Palabra por parte de su pueblo esta al mismo nivel de los pueblos paganos.
En Latinoamérica tenemos una gran cantidad de manifestaciones religiosas que tienen que ver con la devoción de un pueblo que corre tras procesiones y tradiciones religiosas sin sentido que no permiten que la presencia del Señor habite en ellos con poder y sabiduría.
Tenemos un Jesús bebito acostado en un pesebre al cual hay que darle atención en nochebuena y luego tenemos un Jesús moribundo en la cruz al cual hay que tenerle lástima.
Pero en realidad, tenemos un Señor Jesucristo que no permite que nadie oprima a su prójimo sino que lo sirva; un Señor que no esta de acuerdo con los sistemas humanos que esclavizan, discriminan y clasifican a los seres humanos, sino que ha provisto de vida y vida en abundancia en igualdad y reciprocidad.
El gran desafío para la generación del Siglo XXI consiste en que de una vez por todas nos pongamos de acuerdo como cuerpo de Cristo.

