"Yo te alabo, Señor, porque me has librado,
no has dejado que mis enemigos se rían de mí,
Señor Dios mío, a tí grité y me sanaste;
tú, Señor, me libraste del abismo,
me reanimaste cuando estaba a punto de morir.
Canten al Señor fieles suyos, den gracias a su santo nombre!
Porque su enojo dura un instante, pero su bondad, toda la vida:
por la tarde nos domina el llanto, por la mañana todo es alegría...
Tú cambiaste mi luto en danzas,
me quitaste la ropa de duelo y me vestiste de fiesta;
por eso te canto sin descanso:
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre"
Como dice el salmo, la danza o baile es una manifestación de alegría y liberación. No se trata de un acto carnal sino de la consecuencia de un corazón agradecido.
En nuestros días, el baile no suele ser considerado como sinónimo de comunicación ni de hermandad, ni menos de compañerismo, sino de "mundanalidad".
Es evidente que tampoco estoy de acuerdo con los excesos del baile, como los ritmos sensuales o explícitos, pero todo en la vida tiene excesos como una liturgia religiosa monástica.
El punto de vista tradicional considera que el baile es una cuestión mundana y que no habría que contaminarse, como lo dice este blog, sin embargo, tomar esta posición automáticamente discrimina a la gente y uno se autodiscrimina de la sociedad donde vive.
Es evidente que tampoco estoy de acuerdo con los excesos del baile, como los ritmos sensuales o explícitos, pero todo en la vida tiene excesos como una liturgia religiosa monástica.
El punto de vista tradicional considera que el baile es una cuestión mundana y que no habría que contaminarse, como lo dice este blog, sin embargo, tomar esta posición automáticamente discrimina a la gente y uno se autodiscrimina de la sociedad donde vive.
La nueva generación cristiana no debemos tener miedo a los ritmos, bailes, reuniones sociales que nos rodean, debemos más bien, fomentar la alegría de corazón que la gente no tiene. Debemos fomentar la amistad entre las personas, muchas fiestas promueven sociológicamente de estos espacios. Más gente se conoce en una fiesta de manera natural y sin hipocresías que en una iglesia, donde hay un formato actuado, un programa a seguir, una conducta pietista condicionada.
Felizmente, conozco de muchos grupos cristianos que en sus reuniones de cumpleaños sin problemas bailan, ya sea en grupo o en pareja de forma natural. Este es un buen punto de inicio pues, las reuniones de este tipo se hacen más incluyentes que el formato tradicional de convertir un cumpleaños en un miniculto religioso.
Con respecto al baile en las discotecas, para muchos cristianos constituye un elemento terapeútico que los libera de las tensiones y forma parte del entretenimiento, y tampoco le veo problema, en cuanto al tema propio del baile. El tema es que el corazón de un cristiano debe estar siempre agradecido a Dios por el regalo de la vida y por la amistad entre quienes le rodean.
Foto de Yuri Arcurs






